Cuarenta rugientes
Hay palabras que no precisan de presencia.
Habitaciones propias sin Virginia.
Hay baladas sin estribillo ni azúcar,
o con dos cucharadas, o más.
Son poesía.
Son fuente, vida y hogar.
Incluso un hogar desordenado,
muy desordenado.
No hay cuentos para antes de dormir, sino para despertar.
No hay nanas porque no hay sueño.
Hay sueños.
Hay dos rombos de color rojo chillón,
pero que pintan caras y chillan a lo prohibido.
Hay restos de pintalabios usados, expectativas emborronadas.
No hay medidas, porque son amplitud.No hay paraíso sin Eva.
Somos más fuertes que el propio invierno- se repiten.
No hay primavera que robarles,
porque son la primavera.
No hay tentación, ni provocación.
No hay putas, sino putadas.
Pechos que no encuentran su escote, revoluciones escotadas.
No hay batallas a medias, si acaso hay medias que arrancar.
No hay tacones rotos,
ni faldas,
ni rajas,
ni rímeles corridos,
ni uñas rotas.
Hay elegancia.
No hay pureza, ni virginidad.
Hay pecados, sin salvación.
Porque ellas son la salvación.
Sin mujeres no hay democracia.
Comentarios
Publicar un comentario