Alevosía de la desnudez de un cuerpo
No sé dónde situaremos el punto de inflexión. Aquí, llega el invierno directamente y a través de tu ropa interior, tus pechos me apuntan un "arriba las manos" que lo último que conseguirá será detenerme. Entonces nos besaremos, nuestras caderas se convertirán en toboganes para nuestras ganas, no esperaremos a San Juan para hacer nuestra hoguera y nos saldrán los orgasmos por el ombligo. La velocidad media de mis caricias sorteará tus radares superando todos tus límites. Estropearemos todo nuestro pasado; nuestro retroceso irá tan rápido que podremos llamarlo metroceso -por eso de que eres de ciudad- y no encontraremos la parada en la que bajarnos. Tus gemidos serán el sonido que harán mis ganas de guardarte para siempre dándose contra un muro. Esta vez, de mi cuerpo a tu ausencia sólo habrá un clímax. Después que nadie se atreva a discutirle su importancia ...