Hubo hombros desnudos, transparencias, tropiezos con el cierre de tu sujetador. Deslices de tus bragas, por tus piernas, que como carreteras me condujeron en mi exceso de velocidad hasta tu fuego. Hubo corazas afuera, cicatrices cosidas a fuerza de sensualidad y desenfreno; labios carnosos de besos y besos tras otros, tras otros, tras otros, tras otros, restos de carmín y prohibición. Morbo en las orejas, y susurros pendientes como llamadas sin respuesta por motivo de ocupación inconfesable. Hubo quemarropa y prisas desleales a cualquier tipo de romanticismo inventado. Palpitaciones como arenas movedizas arrastrándonos a nuestro destino insalvable subcutáneo; y pieles y olas de calentones a las que intentar agarrarse, sin éxito, para allí permanecer. Calor, escalofríos, escándalo, tirones de pelo: "¡Dame más, vamos, que llego!" y gritos tatuados con eco en las paredes insostenibles de mi cuarto. Sábanas sonrojadas de la v...