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Mostrando entradas de febrero, 2016

Bruselas sin ti

Bruselas sin ti es más fea que nunca y su gris hace envejecer tres veces más rápido mis recuerdos. Las calles parecen guardar secretos que todavía no nos hemos contado y empiezo a dudar si alguna vez nos hemos besado en la Grand Place. Me gusta pensar que tus ojos curiosean -como curiosean siempre- el efecto de tu ausencia en mí e intento sonreír cuantas veces puedo. Entonces, para contrarrestar la pena se prevé que dos de cada tres días la ciudad llorará lágrimas finas -de esa lluvia que no moja del todo pero molesta- y yo sé que ella lo hace por ti, y por mí. Me acuerdo de tu fuerte respiración que ahora no me sopla, ni me salva, ni desespera a mi insomnio; y me envuelven las sábanas en una pesadilla de la que no quiero saber más. Porque al décimo día ya no sé si podré recordar cómo hacían tus intrépidas pestañas sacudiendo todo este polvo en mis mejillas; no habrá rastro de tu nariz en mis cristales; ni se empañarán mis gafas con algún beso invern...