Del miedo un par de veces
Mediremos nuestra valentía con la intensidad con la que ataremos los cordones de nuestros zapatos. Porque nunca ha sido fácil poner distancia. Y menos si la distancia es de mí hasta ti, o de ti, hasta mí, da igual. Pensemos por una vez con los pies... Sin dejar huellas que nos hagan sospechar sobre nuestro abandono. Yo no he conocido mayor valentía que la de tus párpados cerrados o la de mi equilibrio suspendido confiando en tu abrazo, después de la última o penúltima (re-) caída. Pero, ¿sabes? Valentía también puede ser un gracias pronunciado directamente a los ojos. Hay quién tiene miedo a las palabras que rozan más...