Sobre la opción y la elección


La vida está llena de un montón de decisiones fundamentales que tomar.

A qué jugar,
cuántas veces masticar antes de tragar,
cómo descubrir in fraganti a los Reyes Magos,
qué estudiar,
en qué cerveza pararse,
a quién querer,
en qué trabajar..

Pero todas ellas dependerán de nuestra libertad,
de las oportunidades que tengamos,
que nos dejen.
Y ello nos llevará a ser de una forma,
u otra.

Yo tuve la libertad de elegir qué quería ser,
hacia dónde quería ir,
cómo,
por qué,
hasta cuándo,
              Hasta ahora.

A mí me enseñaron que lo esencial por encima de todo,
era no escatimar en el comer.
Que la salud y los míos eran lo primero.
Que los míos, eran parte de mi salud.

A mí me enseñaron que lo importante no era proteger su orgullo,
ni cualquier verdad demasiado absoluta,
                                                  ni patrias, ni leches,
sino su dignidad.
Y que el principio de todo era tener principios.

Yo elegí tener conciencia además de consciencia.
Elegí que quería poder elegir
y elegí hacerlo.

Aprendí a no olvidar que quería ser feliz...

Elegí apasionarme por un montón de cosas
que vinieron así, tal cual.
Pero en esto no tuve mucha opción.
También en algún momento elegí quererte a ti, supongo.
Y mira...

Pero elegir no es fácil.

También elegí ir contracorriente,
y así me ha ido.
              No digo que mal...

A veces no sabes por qué elegiste esto o aquello.
Las razones se olvidan.
Quizás por eso,
he reincidido tres veces
en elegir vivir bajo un cielo gris,
pero un gris que me grita:
                          píntame de otros colores.

Por eso,
desde la pequeña libertad de mi exilio
agradezco,
a toda esa generación que vivieron protestando
también para nosotros
y a todos los que ahora viven
y protestan
para que otros tengan la oportunidad de vivir.

Porque vivir,
también es poder elegir.
Y elegir, no es lo mismo que optar.

Optar,
y tal vez, hoy, ni siquiera eso.

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