Del miedo un par de veces
Mediremos nuestra valentía
con la intensidad con la que ataremos
los cordones
de nuestros zapatos.
Porque nunca ha sido fácil poner distancia.
Y menos si la distancia es de mí
hasta ti,
o de ti,
hasta mí,
da igual.
Pensemos por una vez con los pies...
Sin dejar huellas
que nos hagan sospechar
sobre nuestro abandono.
Yo no he conocido mayor valentía
que la de tus párpados cerrados
o la de mi equilibrio suspendido
confiando en tu abrazo,
después de la última
o penúltima
(re-)
caída.
Pero, ¿sabes?
Valentía también puede ser un gracias
pronunciado directamente a los ojos.
Hay quién tiene miedo a las palabras que
rozan más que el propio tacto.
A que les pises en mitad de un tango.
Miedo al vacío,
o al grito de su soledad cualquier domingo.
Temor... a los monstruos en el armario.
Temor... al castillo en Transilvania.
A que no contestes porque...
A que me faltes justo cuando...
A que fuiste sólo entonces...
Temor a las respuestas de una bola de cristal.
Aunque en la vida real todos tenemos miedos,
que no se os llenen
las bocas de reproches.
"Valentía también puede ser un gracias
ResponderEliminarpronunciado directamente a los ojos."
Es fantástico... Lo poco que te he leído, me ha encantado. Tienes una seguidora más :)
vaya.. ! muchísimas gracias!!! ;)
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