El día que la llevé a casa
Mis llaves revoloteaban en el bolsillo y mientras,
mi alfombra ponía su textil en erección
con las vistas que su falda
le proporcionaban.
Al entrar...
El gato nos había preparado la cena,
mis libros se habían puesto en su sitio
como si de hacerle pasillo se tratara
y ha aparecido una alfombra roja...
El terremoto de sus caderas desvió
incluso los marcos de mis cuadros.
Lo justo para que
los labios de un joven besaran por fin a su amada, bajo la lluvia.
Y de uno de mis paisajes
cayera una flor
que regalarte.
Se han formado versos
con los iconos de mi nevera,
la escoba y el recogedor
han bailado
un tango para nosotros;
mi contestador ha hecho sonar todos los mensajes
que mi mala conciencia me dejó
-maldito cabrón-
Y el lavavajillas se ha puesto en marcha
para intentar lavar un poco de mi pasado,
antes de ti.
Mis jerseys han querido abrazarte
mis espejos te dibujan corazones de vaho,
mis calcetines se han emparejado solos
de la envidia de vernos.
Y las ventanas quieren tirarse a la casa.
Vamos allá,
que todas mis bombillas me están haciendo guiños
para animarme a que no la cague esta vez y
los lunares de mi camisa, no se aguantan
para bailarte...
A la mañana siguiente...
Ella llevaba
-llevábamos-
una sonrisa tan grande
que el perchero de la entrada ha alucinado
y ha querido seguirnos hasta
donde fuéramos.
Lo siento - le digo
pero esta historia es del revés.
Ya estoy yo,
colgada de ella.
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