Alevosía de la desnudez de un cuerpo
No sé dónde situaremos el punto de inflexión.
Aquí, llega el invierno directamente
y a través de tu ropa interior,
tus pechos me apuntan un "arriba las manos"
que lo último que conseguirá
será detenerme.
Entonces nos besaremos,
nuestras caderas se convertirán en toboganes
para nuestras ganas,
no esperaremos a San Juan para hacer nuestra hoguera
y nos saldrán los orgasmos por el ombligo.
La velocidad media de mis caricias
sorteará tus radares superando
todos
tus
límites.
Estropearemos todo nuestro pasado;
nuestro retroceso irá tan rápido que podremos llamarlo metroceso
-por eso de que eres de ciudad-
y no encontraremos la parada en la que bajarnos.
Tus gemidos serán el sonido que harán mis ganas
de guardarte para siempre
dándose contra un muro.
Esta vez, de mi cuerpo a tu ausencia
sólo habrá un clímax.
Después que nadie se atreva a discutirle su importancia
al silencio.
Y yo, qué puedo decir de la desnudez
que tu tacto no sepa.
Cariño, estamos forzándolo todo
y hay cosas que no van pegadas a la piel.
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