De cuando te (a)largas
Mi vecina de arriba es cantante de ópera y
ensaya tres veces al día.
En una de ellas,
utilizo su voz para cubrir mi propio ruido.
Esta mañana al despertar,
me he asustado de mi andar de puntillas
y mi espejo se ha burlado de mí,
mirándome a la cara.
El ascensor se ha averiado.
Los dos últimos escalones del edificio
me han desaparecido,
e imaginaos.
Los mapas me han cambiado las calles de sitio
y me he cruzado con un paso de cebra,
que me ha hecho sentirme prisionera
de un sólo camino.
En una esquina he encontrado
a un tipo que vendía jacintos marrones
-los jacintos marrones no existen-
y he comprado un ramo para nuestro aniversario.
Por la avenida mis vaqueros se han fijado en otras piernas.
Aquí llueve demasiado para que tú no estés...
Me han regalado dos entradas para el cine,
en el supermercado sólo quedaban filetes para dos,
y también te escribo este poema
en dos columnas.
Las tazas de café en mi escritorio se han marchado de juerga
y me han dejado aquí.
La luz de la farola de mi calle
se ha convertido en el sol de mis días.
Y me quema igual.
Definitivamente,
me tendré que acostumbrar a mí.
Mi vecina de arriba vuelve a cantar.
Y no sé por qué,
se me ha acumulado en el ombligo
el polvo que me debes.
Comentarios
Publicar un comentario