Te quise desvestir en un sueño
Hubo hombros desnudos,
transparencias,
tropiezos con el cierre
de tu sujetador.
Deslices de tus bragas,
por tus piernas,
que como carreteras me condujeron
en mi exceso de velocidad
hasta
tu fuego.
Hubo corazas afuera,
cicatrices cosidas a fuerza de
sensualidad
y desenfreno;
labios carnosos de besos y besos tras otros,
tras otros,
tras otros,
tras otros,
restos de carmín y prohibición.
Morbo en las orejas,
y susurros pendientes como llamadas
sin respuesta
por motivo de ocupación
inconfesable.
Hubo quemarropa y prisas
desleales a cualquier tipo de romanticismo
inventado.
Palpitaciones como arenas movedizas
arrastrándonos
a nuestro destino insalvable subcutáneo;
y pieles y olas de calentones
a las que intentar agarrarse,
sin éxito,
para allí permanecer.
Calor,
escalofríos,
escándalo,
tirones de pelo:
"¡Dame más,
vamos,
que llego!"
y gritos tatuados con eco
en las paredes
insostenibles
de mi cuarto.
Sábanas sonrojadas de la vergüenza
puritana
de nuestro cometido
acto
en la X del subconsciente
enigmáticamente resuelta a
orgasmos.
Y hubo también huellas
de acrobacias que acabaron en
aplausos
de las ganas
de tus huesos
de acercarse
más.
No hubo entrelíneas que leerse,
comprenderse
o imaginarse
a pie de cintura y
hubo sólo roces
como pinceladas
para completar
nuestro proceso osmótico.
Y hubo clímax
de los de doblarse
hacia
dentro...
tras la manipulación,
de dos cuerpos
en la concepción
de la escena
de un crimen perverso
a mi deseo
perfecto.
Hubo incendio,
sin rescate moral,
pero con salida de emergencia
por la puerta
de atrás,
de mi desvelo.
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