Desasosiego


Sosegado,
un hombre
camina en paralelo a las vías de un tren
siguiendo meticulosamente su línea recta.

No le asusta perderlo,
porque no lo busca.
No le pesa el equipaje,
porque viaja sólo con lo puesto.
Nada altera su paso,
porque no tiene prisa.

Camina de espaldas a su encuentro;
aguardando a que el mismo tren,
al que ni siquiera espera,
le atraviese por unos segundos
la paz
que ya ta(n)mpoco le compensa.

El viento le golpea la espalda,
le sacude la ropa,
pero no lo empuja.
Todo sobrevive.

Y el señor le pregunta,
siempre a la misma hora,
la misma duda

pero el viento hasta que no pasa el tren,
nunca responde,
sólo susurra.


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