Bruselas sin ti
Bruselas sin ti es más fea que nunca
y su gris hace envejecer tres veces más rápido
mis recuerdos.
Las calles parecen guardar secretos
que todavía no nos hemos contado
y empiezo a dudar si alguna vez nos hemos besado
en la Grand Place.
Me gusta pensar que tus ojos curiosean
-como curiosean siempre-
el efecto de tu ausencia en mí
e intento sonreír cuantas veces puedo.
Entonces,
para contrarrestar la pena
se prevé que dos de cada tres días
la ciudad llorará lágrimas finas
-de esa lluvia que no moja del todo pero molesta-
y yo sé que ella lo hace por ti,
y por mí.
Me acuerdo de tu fuerte respiración
que ahora no me sopla,
ni me salva,
ni desespera a mi insomnio;
y me envuelven las sábanas en una pesadilla
de la que no quiero saber más.
Porque al décimo día
ya no sé si podré recordar
cómo hacían tus intrépidas pestañas sacudiendo todo
este polvo
en mis mejillas;
no habrá rastro de tu nariz en mis cristales;
ni se empañarán mis gafas con algún
beso invernal.
Y ahora puedes tener en cuenta o no
este poema,
pero que sepas que cuando tú te vas
Bruselas se vuelve fea,
fea,
fea.
y su gris hace envejecer tres veces más rápido
mis recuerdos.
Las calles parecen guardar secretos
que todavía no nos hemos contado
y empiezo a dudar si alguna vez nos hemos besado
en la Grand Place.
Me gusta pensar que tus ojos curiosean
-como curiosean siempre-
el efecto de tu ausencia en mí
e intento sonreír cuantas veces puedo.
Entonces,
para contrarrestar la pena
se prevé que dos de cada tres días
la ciudad llorará lágrimas finas
-de esa lluvia que no moja del todo pero molesta-
y yo sé que ella lo hace por ti,
y por mí.
Me acuerdo de tu fuerte respiración
que ahora no me sopla,
ni me salva,
ni desespera a mi insomnio;
y me envuelven las sábanas en una pesadilla
de la que no quiero saber más.
Porque al décimo día
ya no sé si podré recordar
cómo hacían tus intrépidas pestañas sacudiendo todo
este polvo
en mis mejillas;
no habrá rastro de tu nariz en mis cristales;
ni se empañarán mis gafas con algún
beso invernal.
Y ahora puedes tener en cuenta o no
este poema,
pero que sepas que cuando tú te vas
Bruselas se vuelve fea,
fea,
fea.
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