A ti que conoces el dolor
Me duele saberte tan indemne
me duele tu pensamiento de hierro
me duele el humo de tu piel
me duelen tus comparaciones
me duele tu traición a mi entrega
me duele tu recuerdo
–sin saber todavía si eres solo recuerdo–
Me duele tu falta de elegancia justo cuando más la necesitaste
me duele la fragilidad de tu integridad
me duele tu exceso de autoestima y tu arrogancia
me duelen tus gestos al verme
–yo que me siento mucho menos indemne que tú–
Me duele el placer del que nos privaste
me duele el último beso que no te permití
–porque, claro, yo no sabía que sería el último–
Me duele la tenacidad de tus ideas
me duele lo innegociable de tus conclusiones
me duele que pensaras en mi lugar
me duele el insomnio que me desvelaste
me duele lo que dejaste que se me agarrase al pecho
y aún me duele más haberlo permitido.
Me duele reconocer ahora en tu mirada libre de furia mi recuerdo
–es tarde para echarme de menos–
Me duele lo drástico de tu miedo.
Te absuelvo hablándote
de la honestidad que vi en tus manos.
El perdón puede que sea otra cosa.
Bellísimo!
ResponderEliminarMaripaz Rodriguez Medina